Cosmonauta en la Tierra

“De ahora en adelante, al referirme a la Tierra, no diré más indiscriminadamente “el mundo”. Consideraré “mapa mundial” una expresión no apropiada; cuando diga “mi mundo”, me acordaré con un susto de alegría de que también mi mapa necesita ser transformado, y de que nadie me garantiza que, visto desde afuera, mi mundo no sea azul. Consideraciones: antes del primer cosmonauta, sería correcto que alguien hubiera dicho, al referirse a su propio nacimiento, “vine al mundo”. Pero sólo hace poco tiempo nacemos para el mundo. Casi avergonzados.

Para ver el azul miramos el cielo. La Tierra es azul para quien la mira desde el cielo. ¿Azul será un color en sí, o una cuestión de distancia? ¿O una cuestión de gran nostalgia? Lo inalcanzable es siempre azul.

Si yo fuera el primer astronauta, mi alegría sólo se renovaría cuando un segundo hombre volviera allá desde el mundo: pues también él lo habría visto. Porque “haber visto” no es sustituible por ninguna descripción: haber visto sólo se compara con haber visto. Hasta que otro ser humano también hubiera visto, yo tendría dentro de mí un gran silencio, aun cuando hablara. Consideración: supongo la hipótesis de que alguien en el mundo ya haya visto a Dios. Y nunca haya dicho una palabra. Pues, si ningún otro lo vio, es inútil decirlo.

El gran favor del acaso: todavía estar vivos cuando el gran mundo comenzó. En cuanto a lo que viene: necesitamos fumar menos, cuidar más de nosotros para tener más tiempo y vivir y ver un poco más; además de pedir prisa a los científicos —pues nuestro tiempo personal urge.”

Clarice Lispector

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