La intuición filosófica

“No habría lugar para dos maneras de conocer, filosofía y ciencia, si la experiencia no se nos presentara en dos aspectos diferentes, de una parte, bajo forma de hechos que se yuxtaponen a hechos, que casi se repiten, que casi se miden y que se despliegan en fin en el sentido de la multiplicidad distinta y de la espacialidad; y de otra, bajo forma de una penetración recíproca que es pura duración, refractaria a la ley de la medida. En ambos casos, experiencia significa conciencia; pero, en el primero, la consciencia se expande hacia afuera, y se exterioriza con relación a ella misma en la exacta medida en que percibe cosas exteriores unas a otras; en el segundo, entra en ella, se recobra y se profundiza.”

“Descendamos entonces al interior de nosotros mismos: cuanto más profundo sea el punto que toquemos, más fuerte será el impulso que nos volverá a la superficie. La intuición filosófica es ese contacto, la filosofía es ese impulso. Vueltos al exterior por una impulsión venida del fondo, alcanzaremos la ciencia a medida que nuestro pensamiento se ensanche al esparcirse.”

“Las satisfacciones que el arte no dará jamás sino a privilegiados de la naturaleza y de la fortuna, y sólo de cuando en cuando, la filosofía así entendida nos las dará a todos, a cada momento, insuflando vida a los fantasmas que nos rodean y vivificándonos a nosotros mismos. Por eso se volverá complementaria de la ciencia tanto en la practica como en la especulación. Con aplicaciones que sólo atienden a la comodidad de la existencia, la ciencia nos promete el bienestar, cuando más el placer. Pero la filosofía podría darnos desde ahora el gozo.”

Henri Bergson

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