El viejo método y una nueva mirada

En el “Discurso del Método”, Descartes sembró los cimientos sobre los que se erigiría la ciencia contemporánea. Es posible resumir tales criterios casi citándolos textualmente. Primero, no admitir cosa alguna por verdadera a menos que nos pareciese evidente. Segundo, dividir cada una de las dificultades que se examinen en cuantas partes sea posible. Tercero, conducir ordenadamente los pensamientos, ascendiendo poco a poco y de manera gradual. En consecuencia, todos los fenómenos naturales, incluyendo la vida y el ser humano, únicamente pueden ser comprendidos mediante los principios de claridad y cantidad: si no es posible una explicación mecanicista, su existencia deber ser negada.

Aunque dicha obra data de 1637, la exhortación a no confiar, a separar y a ser lineales como único método de conocimiento de lo real sigue vigente hoy en día. Es más, creo que dicho método ha impregnado profundamente, no sólo el proceso de observación, sino también el observador y lo observado. Tratamos al ser humano como una máquina: hay que ser eficientes, hay que producir, hay que ir rápido, hay que especializarse. Nuestro objetivo consiste en hacer más, no mejor. Sacrificamos calidad por cantidad. Nuestras reacciones, nuestras opiniones, nuestros pensamientos y nuestros sentimientos, lejos de ser espontáneos e integrales, son automáticos y parciales.

Muchos científicos (y también muchos otros ciudadanos que no pertenecen al mundo académico) conciben la realidad exclusivamente como aquello que uno puede ver y tocar. Aceptan lo que se les demuestra, no lo que se les muestra. Olvidan que, más a menudo de lo que parece, no es posible verlo todo con la claridad que nos gustaría, sino que es necesario mirar de otro modo. “Pienso, luego existo”, rezan algunos como un mantra. Yo les sugiero meditar lo siguiente: “Te miro, luego existes”. La posibilidad de ver depende de la cualidad de mirar! Les emplazo a darse cuenta de que, si yo puedo observar lo que pienso, yo no soy mis pensamientos. Y si no soy mis pensamientos, qué o quién soy yo? Ahora es el momento de asumir nuestra responsabilidad: dejar de ser Homo Sapiens para convertirse en Seres Humanos. Es tiempo de evolucionar desde el reino animal, sin conformarse con el reino de los autómatas, al reino humano. La linealidad no permite intuir la totalidad. La cantidad oprime a la cualidad. El mecanismo mata al holismo. Juntos podemos empezar a integrar ciencia y conciencia.

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